miércoles, 7 de octubre de 2009

El ruido y la furia


Me acabo de enterar por el blog de Iván Thays que se cumplen 80 años de la publicación de El ruido y la furia de William Faulkner, y la verdad es que no pude abstenerme de postear algo al respecto.
La primera vez que leí la novela fue en la edición de Alfaguara con la traducción de Ana Antón-Pacheco, hace ya unos 9 años. La verdad no recuerdo como llegué a él. Sin embargo, recuerdo claramente la sensación de asombro que me golpeó al leer la parte narrada por Benjy. Creo que releí cada línea de ese capítulo unas 3 veces por lo menos. Todo me confundía. Al terminar el libro mi primer impulso fue empezarlo de nuevo pero desistí a las pocas páginas. Creo que tardé unas 3 o 4 relecturas de todo el libro y mucha bibliografía especializada para más o menos entender algo de lo que ahí está escrito.
Pienso en la cita de Shakespeare de la que está tomado el título y me pregunto si en verdad es una historia contada por un idiota o acaso se trata de un narrador de la estirpe del Quijote, de esos que se hacen pasar por tontos pero que distan mucho de serlo...
Como sea hoy llegaré a casa, suspenderé la lectura en curso y tomaré una vez más el libro para comprobar como decía su autor que "el trueno y la música de la escritura tienen lugar en el silencio".

lunes, 5 de octubre de 2009

Nobel


Ya estamos en el mes de octubre y todo mundo espera ganador del premio Nobel de Literatura, en todas partes leo sobre candidatos, y por supuesto el movimiento de apuestas en Ladbrokes continúa. Lo que me causa mucha gracia es que tal vez de todos los candidatos que aprecen en estos sitios ninguno sea el ganador, pues estamos acostumbrados a que la Academia Sueca nos sorprenda con algún nombre desconocido de una escritora ucraniana que publica libros sobre repúblicas africanas en constante estado de cambio por motivos religiosos y políticos... O algo mucho más absurdo. Sin embargo uno no puede quedarse al margen de tal acontecimiento.
Obviamente preferiría que algún latinoamericano fuera el sorpresivo ganador, sin embargo los candidatos más cercanos y a la vez más improbables son Vargas Llosa y Fuentes. Los dos se encuentran entre mis escritores favoritos, pero dudo mucho que puedan llegar a la ceremonia del 10 de diciembre en Estocolmo.
Así las cosas me quedaría con Murakami o Philip Roth.
Tal vez este jueves den la noticia. Mientras esperemos un poco más.

martes, 22 de septiembre de 2009

Flores o la estética envenenada


Las flores se han convertido con el paso del tiempo en el significante de la belleza física y metafísica del mundo, y aun más: representan una herramienta insustituible de seducción y contentamiento en nuestra educación sentimental; la encarnación de lo divino en un objeto efímero, totalmente corruptible; el catalizador de nuestros recuerdos mas sensuales y más lejanos. Pero esta metáfora moderna, como todo tópico literario (y uso el termino tópico literario como mera forma de descripción conceptual, sin ningún tinte peyorativo), está ya muy manoseada por la escritura y debe aniquilarse y renovarse cada cierto tiempo.
     La novela Flores de Mario Bellatin, subvierte esta asociación semántica y nos propone una estética alterna a través de varias historias que se entrecruzan, y que en apariencia carecen de un eje narrativo: no hay causa y efecto en estos sucesos, pero sí la invitación a contemplar, y acaso a reinventar cada capítulo.
     Cada sección lleva el nombre de una flor: rosas, orquídeas, claveles, cartuchos, tulipanes, etc. En ellas sólo se muestran determinadas imágenes que juntas conforman un todo: una naturaleza muerta en donde cada fragmento es el pétalo de un botón más grande. Detrás de la belleza de cada capullo se esconde la descomposición implícita en toda naturaleza: personajes marchitos de moral mutilada; escritores en busca de prácticas sexuales alternativas; mujeres que intentan desesperadamente convertirse en madres, motivadas por el sentimiento morboso que les provoca la deformidad de un niño; y un hombre al que le gusta relacionarse sexualmente con ancianos.
     Sin embargo, esta moral trastocada de los personajes provoca que los prejuicios del lector caigan en el vacío, porque en la novela no hay moral que resalte, o al menos no la que rige nuestro comportamiento, sino que está más allá de cualquier tipo de censura. Cada personaje ha sido marcado desde antes de nacer por la modernidad decadente que lo condena a vivir una vida desmembrada, pero que, al mismo tiempo, abre nuevas posibilidades de percepción y de placer.
      Pero, ¿qué hay detrás de esta estética en estado de putrefacción?
     Los individuos que en nuestra sociedad son rechazados por su apariencia externa tienen en la novela la capacidad de mostrar algo de belleza, una esperpéntica y convulsa, y es esto lo que nos inquieta. La deformidad se presenta como rasgo común de la sociedad actual: algunos lo son físicamente; otros, mentalmente; otros, emocionalmente. Mejor aún: no hay discriminación hacia ellos más que en los vagos recuerdos de infancia.
     La belleza de la novela es una mutación posmoderna que se plantea en formas estéticas alternativas, que se generan y rigen a sí mismas aunque esto conlleve la perversión radical del canon artístico. No sólo se trata de cierta degradación del concepto tradicional de lo bello, sino de la posibilidad de encontrar en cualquier parte del mundo, en lo terrible y en lo grotesco, un destello que nos asombre y obligue a mirarlo por hiriente que sea, “como si de la contemplación de una flor se tratara”.
     Flores reflexiona sobre la cuestión de la marginación de lo feo y lo anormal; y nos sumerge en un universo estético en el que la discapacidad física y moral está latente en todos y en todo tiempo. A lo largo de la narración existe un diálogo entre la belleza de la prosa y la monstruosidad de lo que se narra, entre nuestra mirada repulsiva y la mirada acostumbrada del narrador: una tensión constante que rebasa la página impresa y provoca una lucha entre la disolución moral de los personajes y nuestros prejuicios a punto de diluirse.
     El lector se siente perseguido y castigado por estas formas alternativas de pensar, actuar y sentir que nunca alteran la conciencia de los personajes. Las minorías repudiadas que se escondían en clósets y mezquitas se revelan en la historia como una parte casi necesaria e indisoluble de nuestra nueva concepción del mundo. “Lo anormal está llamado a convertirse en lo esperado” dice uno de los personajes de la historia.
     Flores se me presenta como una novela que indaga sobre la escritura misma, es una obra de estética envenenada que nos infecta con su idea turbia de belleza, rompe con cualquier posibilidad del canon novelesco tanto en lo formal como en el contenido; renueva el género con una potente dosis de ironía, y lo mete de lleno en la era posmoderna en donde todo, absolutamente todo, es aceptable.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Molino de palabras


Acabo de releer, en el reverso de una de estas hojas recicladas en que escribo el borrador de este texto la interminable lista de molinos que aturden la lectura de “Altazor” de Huidobro; versos-aspas que giran interminablemente hasta perder todo sentido. Giran y giran para desnudarse de ese significado facilón al que estamos acostumbrados, para que a partir de esa des-articulación lingüística se nos revele uno nuevo. Detrás de esos molinos verbales sólo existe un vacio provocado por el uso cotidiano de las palabras, de pronto ya no hay lenguaje ni palabras ni sonidos que expliquen las cosas, porque el lenguaje no dice nada por sí mismo, es sólo una sucesión de sonidos convenientemente ordenados a los que endilgamos milagros o algún significado que tarde o temprano todos aceptamos. Y esa convención en el significado y en la forma es en realidad una metáfora, una forma de explicar miles de características con una palabra nueva que las agrupa, el lenguaje es una gran metáfora compuesta de miles de metáforas.
Cuantos de nosotros no hemos repetido una palabra cientos de veces hasta que de pronto, como por una clase de sortilegio ésta pierde toda significación; la azotamos con nuestra voz hasta que queda exhausta y vacía de toda identidad y sentido; y sólo basta un recuerdo, una vivencia o una contextualización para que resucite llena de vida y de cosas por decirnos.
El lenguaje claro y llano puede ser muy útil para describir mesas, sillas, ciudades no invisibles o galaxias enteras; o para narrar acciones que ejecutan los sujetos sobre los objetos; pero el ser humano es mas que carne y huesos y palabritas que traten de explicarlo; necesita echar mano de ese lenguaje extraño que se subvierte a sí mismo para explicar y sentir lo que una simple convención no puede hacer. Detrás de cada ídolo hay un demonio que ata a los individuos, pero detrás de cada objeto hay una palabra y detrás de ésta otra y otra y otra palabra más que nos liberan siempre de la relación monótona de univocidad lingüística.
La metáfora se esconde de aquellos individuos que solo ven agua en el agua y vino en el vino. Pero a otros les grita para que la descubran. Ella está siempre ahí, latente, esperando surgir de un océano de seres primigenios vistos por primera vez.
El hombre es lenguaje y poesía, dice Octavio Paz en tantos ensayos, sí, pero yo creo que es mucho más; estos sólo expresan una limitada parte de la totalidad de un ser que necesita saberse creador constante de objetos reales o aunque sea lingüísticos que expliquen a los reales y a sí mismo.
No siempre la línea recta en el camino comunicativo es la mejor y la más eficaz, sí es la más rápida, pero ¿quién dijo que lo rápido es lo más disfrutable? Y si es cierto que una rosa es una rosa es una rosa según Stein, también es la rosa increada, metafísica de la moldura del oído villaurrutiana.

martes, 3 de marzo de 2009

¿El sapo provisional?


He de admitir que la idea no es mía. El título se lo plagié a Guillermo Sheridan; aunque me gusta más decir que lo tomé prestado. Durante un curso en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM que imparte el Dr. Sheridan sobre poesía contemporánea o moderna (todavía no se ponen bien de acuerdo las personas que ponen título a los cursos) surgió la idea de hacer un recorrido zoológico a lo largo de la poesía del siglo XX deteniéndose particularmente en la figura del sapo. A partir de ahí alguien propuso un blog con texto e imágenes en donde se transcribirían los hallazgos de los miembros de la comunidad batracia. Por supuesto nadie hizo más que dar los textos famosos de Tablada, Arreola y de algún otro que ahora no recuerdo. Sheridan remató la idea con el título: El sapo provisional. En lo particular me pareció interesante la unión de los elementos en el título: un sustantivo animado frente a un adjetivo que le da carácter efímero. La figura de un animal casi prehistórico dotado con cierto aire de inevitable desaparición. Una moda eventual que no tiene otro fin que el juego de un grupo que busca anclas o ancas en la poesía.
Este blog no está dedicado de forma exclusiva a la poesía. Se trata simplemente de continuar el juego, pues este sapo no aspira a saltar como el salmón. Sino a saltar la vida mientras pasa. Eso y que al abrir este espacio fue el primer título que se me vino a la mente, y cuando a uno se le mete una idea en la cabeza... No pretendo otra cosa que hacerme de un espacio libre, tan libre como yo mismo me lo permita, para la escritura y contribuir a la sobrepoblación de blogs que tanto tienen que decir, con la esperanza ingenua de que a alguien le importe.

lunes, 16 de febrero de 2009

El libro que regresa


Es indescriptible la emoción que nos recorre el cuerpo cuando después de muchos años uno logra tener entre las manos, a cambio de una cierta cantidad de dinero, un libro largamente anhelado. Sobre todo cuando se trata de un libro que por negligencia se nos ha escapado o porque es uno de esos que ya no se publican ni por casualidad; peor aun cuando las dos cosas se combinan: en mi caso se trató de la Obra completa de Juan Rulfo de la Colección Archivos.
El libro lo encontré algo arrumbado en una mesa del Callejón Condesa del centro histórico, ligeramente roto de la pasta, una pequeña cortada en el lugar exacto en que la portada se hace lomo. Ni siquiera tenía escrito en la primera página el precio como acostumbran hacerlo. El tendero, que no era dueño del puesto, lanzó al aire un precio, “Doscientos cincuenta pesos, pero si te lo llevas te lo dejo en doscientos treinta”. El libro me quemaba las manos, mi cartera se helaba un poco en mi bolsillo. Al final el trato se cerró en 200 pesos. Tal vez pagué demasiado, tal vez pagué el precio justo por haberlo dejado ir hace un par de años cuando trabajaba en una librería de viejo, la verdad no lo sé y ahora no me importa pues el tomo ya ocupa un lugar en mis libreros junto a otros libros que han regresado de la misma forma y esperando a otros tantos que tarde o temprano, de algún forma u otra regresarán.

viernes, 13 de febrero de 2009

Un salto de David Miklos


Hace un par de días leí La hermana falsa de David Miklos. No sé cómo ni por qué durante ese tiempo de lectura mi tiempo se hizo un caos, a veces detenido como si me diera la oportunidad de corregir todo, a veces rápido como si las horas sólo tuvieran 29 minutos. El ritmo lento y pausado del libro me exigía una lectura frenética, casi atropellada. Salto tras salto.
Encuentros reales y falsos, encuentros con uno mismo en el rostro de otro. El libro me deja ver lo azaroso de la vida, el engaño en el que vivo al creer que todo termina como debe ser. Pero sigo creyendo. No puedo esperar a leer los libros anteriores a éste con los que Miklos ha saltado al trajín literario. Pero sobre todo no puedo esperar releerlos con la paciencia y el tiempo de un reloj "suspendido de pronto [...] en el punto más alto, en la inflexión de la parábola que recorre su vuelo...".

miércoles, 14 de enero de 2009

Los Contemporáneos, ayer y hoy


El número correspondiente al mes de enero de la revista Letras Libres tiene una serie de artículos dedicada al grupo de Contemporáneos, o al menos a los poetas que integraron el núcleo principal de dicha agrupación en desbandada. El apartado sobre Jorge Cuesta, escrito por Rafael Lemus hace referencia al libro de Guillermo Sheridan, Los Contemporáneos, ayer, como un libro estupendo. Guillermo Sheridan le contesta a través de su blog, El minutario, que considera ese libro como uno “desaliñado y mal escrito”, y al leer este comentario puedo imaginar a Sheridan chasqueando la lengua peyorativamente como sólo él sabe hacerlo.
En lo personal creo que ambos exageran. Exagera Rafael Lemus porque el libro es apenas una iniciación a la poesía de Los Contemporáneos, si acaso tal poesía se puede agrupar aunque sea por el nombre de la revista. Si bien es cierto que el libro es bastante ágil de lectura, esa misma agilidad apresura el tratamiento de ciertos aspectos en la obra de cada integrante.
Por otro lado, Sheridan exagera porque su libro es importante dentro de la literatura mexicana, no es el mejor que se ha escrito sobre estos poetas, pero sí es el único que ha logrado con bastante éxito dar un panorama general de ellos, desde su conjunción hasta su inevitable fuga a principios de los años treinta.
Después de Los Contemporáneos, ayer, sólo existen estudios por separado de cada uno de ellos. Todos los escritores que han publicado libros, artículos, ensayos o biografías sobre “el grupo sin grupo”, posteriores a Los Contemporáneos, ayer, le deben a Sheridan la enorme brecha abierta.
Yo pertenezco a una generación posterior a la de Lemus y creo que el libro de Sheridan es el medio más inmediato para acercarnos a Los Contemporáneos. Hay muchos otros libros como los de Quirarte, Segovia, Arredondo, el mismo Paz, etcétera, que son muy importantes; pero Los Contemporáneos, ayer conjunta de cierta forma todos los estudios dispersos que se publicaron antes que éste.
Si Guillermo Sheridan dice que es un libro mal escrito, está bien; eso nos asegura de su parte mejores estudios sobre el grupo Contemporáneos; si Rafael Lemus dice que es estupendo mucho mejor porque le da crédito a uno de los mejores investigadores que tenemos sobre el tema. Lo importante aquí es que existe una continuidad generacional de interés y de investigación sobre las figuras importantes de nuestra poesía.